Mi historia prosigue con "él", ese chico que te gusta durante toda la primaria y que aún sabiendo que tu a "él" también le gustas, nunca, nunca, nunca, jamás pasó nada entre ambos.
No sé si era por su sonrisa o porque simplemente a ambos nos gustaban los playmobil... nunca llegué a saberlo con certeza. Pero ahí estaba, en mi misma clase, jugando y riendo conmigo...
Un día, me decidí, aprovechando que todos habían salido al recreo me armé de valor y le deje una nota en su mochila. Porque sí, eso era valor... una nota escrita con tu propia letra desvelando el secreto de un amor profundo. Y la respuesta llegó, con dos años de retraso, con un "sobre la nota dile que no" transmitido a través de el compañero que estaba entre nuestros pupitres.
Durante todos esos años estuve pendiente suya, no como una acosadora por supuesto, pero si como amiga. Me sorprende lo complicadas que somos las personas... durante mi undécimo cumpleaños descubrí que le gustaba.
Estábamos jugando a un juego absurdo, tan absurdo que consistía en sentarse con los ojos cerrados encima de alguien, gruñir como un cerdo, que la otra persona te contestara del mismo modo y descubrir quién era esa persona, eso sí, tenías tres intentos para averiguarlo.
Era mi turno de sentarme, una amiga me dijo "elije del 1 al 6", el azar estuvo de mi parte y al escoger el número 1 fui a parar a las rodillas de mi amado, el cual no paraba de decir "no..no.." y mi amiga le dijo "¿pero a ti no te gustaba Natalia?" y "él" contestó "sí, pero..." así que tras escuchar la breve conversación y sabiendo en las piernas de quién me hallaba sentada decidí agotar mis tres intentos para permanecer más tiempo junto a "él".
Y como vino se fue... no recuerdo cuándo dejó de gustarme pero aún hoy cuando lo veo se me pone una sonrisa tonta y pienso "pero que parda fui".
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